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El neurofeedback puede ayudar a abordar muchos problemas.

Si proviene del cerebro, el entrenamiento puede cambiarlo. Los problemas de estado de ánimo, pensamiento, conducta, desempeño y funcionamiento físico están todos relacionados con los estados cerebrales.
Entiende cómo funciona esto.


Nuestro cerebro tiene sistemas para controlar la frontera entre el mundo interno y el externo. Cuando esos controles son débiles, nos distraemos con facilidad, actuamos por impulso o no logramos mantener la atención en el exterior.

La falta de atención, el movimiento o habla incontrolados, los problemas para dormir o las dificultades en el procesamiento del lenguaje pueden ser señales de fallas en estas áreas.

Un cerebro “atorado” en frecuencias lentas —o que tiene dificultad para mantenerse en velocidades medias— probablemente experimente este tipo de problemas.

El entrenamiento cerebral puede mejorar el metabolismo del cerebro, permitiendo que las neuronas disparen más rápido y durante más tiempo.
También puede ayudar a que las neuronas se mantengan en frecuencias óptimas de conciencia, ahorrando energía y mejorando el control.


Nuestros cerebros, al igual que el resto del cuerpo, se desarrollan desde el nacimiento hasta la vejez en respuesta a su experiencia con el entorno. Muchos cerebros adoptan estrategias para enfrentar el mundo que terminan ralentizando o incluso bloqueando partes de su desarrollo.

Con el paso del tiempo, el cerebro también puede volverse menos flexible y menos receptivo, a medida que cambian el metabolismo y el flujo sanguíneo.
La memoria, el pensamiento, el aprendizaje e incluso la vitalidad emocional pueden verse afectados.

El entrenamiento cerebral —al igual que el ejercicio físico— no solo puede liberar patrones de hábito antiguos y ampliar nuestras opciones, sino que también puede mejorar el funcionamiento físico de los cerebros que están envejeciendo.


La investigación ha estudiado cerebros “normales”, pero también los de personas con desempeño excepcional en el deporte, las artes, los negocios, el ámbito militar y la meditación.
Aunque cada cerebro es diferente, los de alto rendimiento comparten una habilidad especial: operan de forma más eficiente que la mayoría.

Utilizan el estado de “piloto automático” del cerebro: estar en el momento presente, sin pensar, sin forzar, sin juzgar.
Sus mentes están en calma en lugar de gastar energía innecesaria, y se activan solo cuando hay algo que hacer.
Ven el panorama completo y sienten la presencia de quienes los rodean.

El entrenamiento cerebral puede eliminar los bloqueos que nuestro cerebro ha desarrollado hacia la quietud, y enseñarnos a funcionar en nuestro propio nivel máximo.


Intentar controlar lo que está fuera de nuestro alcance genera estrés, activando la respuesta de emergencia del cuerpo.
Normalmente, estas reacciones son breves y el cuerpo regresa a su modo de mantenimiento: digestión, sueño, reparación, etc.

Pero cuando el estrés se vuelve constante o muy intenso, podemos quedarnos atrapados en ese estado de emergencia, entrando en un ciclo vicioso donde la mente intenta controlar aún más.
La ansiedad —una respuesta de estrés sin una causa clara— domina nuestro estado de ánimo.
Desperdiciamos grandes cantidades de energía hasta que el sistema de lucha o huida del cuerpo se agota.
Entonces aparece la sensación de falta de recursos: una depresión marcada por la impotencia y la desesperanza.

El entrenamiento cerebral interrumpe este ciclo.
Ayuda al cerebro a desarrollar nuevos hábitos para enfrentar la incertidumbre de la vida sin quedar atrapado en el modo de supervivencia.


Nadie llega a la adultez sin haber vivido situaciones que activan la respuesta de estrés del cuerpo, pero que nos dejan sin posibilidad de huir o defendernos.
Los cerebros reaccionan de forma distinta a estos traumas, dependiendo de su gravedad, frecuencia y de qué tan temprano ocurren en la vida.

Para algunas personas, el trauma se convierte en una respuesta habitual que forma una base muy limitada desde la cual interpretamos el resto de nuestra vida.
Nos volvemos tan indefensos que incluso situaciones que sí podríamos manejar, se sienten como más trauma.

El entrenamiento cerebral ayuda a romper estos patrones de respuesta del cerebro y a desarrollar nuevos caminos que puedan ser tan duraderos como los actuales, pero mucho más saludables.